Churros venéreos y la Nueva Roma Compasiva

Hasta hace muy poco, el movimiento por la defensa de los animales era un movimiento marica. Carecía de cualidades viriles que lo encabezaran, organizando acciones en las que jugarse la vida y la libertad, en las que exponerse a ataques físicos que dejaran preciados morados, raspones y cicatrices que se pudieran exponer con orgullo cual medallas ganadas en combate, y que pudieran convertirse en el tema de intervenciones públicas, junto con las multas, en eventos del calibre de Capital Animal. Porque lo que no se luce, no existe.

Faltaban, pues, los hombres de verdad, y sobraban las “pseudo señoras” que “los sábados salen de fiesta a pillar enfermedades venéreas, a fumar como camioneras y a beber como cosacos”  (imagen 1). Con razón, se les ha relegado a la subordinación. ¿Qué pelotón puede aspirar a sembrar conciencia en el nombre del amor (imagen 2) si se va propagando el vicio y la promiscuidad? Por suerte, aunque en la sombra, “otras se dedican a hacer las labores de su casa y a acostarse temprano para levantarse a las 7 para ir a por churros para su marido” (imagen 1).

Estas son sus palabras y ellos son los Gladiadores por la Paz. Los nuevos héroes del movimiento animalista.

El razonamiento que impera ante este nuevo escenario de héroes romanos compasivos es que en un movimiento tan minoritario como el antiespecista debemos afrontar cualquier incursión animalista como una oportunidad de engordar nuestras filas. Y si de verdad estamos comprometides con la defensa de los demás animales deberemos dejar aparcadas, de momento, divergencias secundarias. Cuando acabemos con el especismo nos podremos dedicar a tratar los baladís internos del movimiento, como el sexismo, el racismo, la homofobia, la transfobia, la xenofobia, etc. (¿Os suena?) En realidad, se trata de un flagrante conservadurismo, encubierto y perpetuado en la modernidad vacía de un hashtag: #todosuma. Es decir, siempre es bueno añadir elementos al grupo, aunque estos sean reaccionarios, porque al aumentar en número, aumentamos nuestra fuerza.

El principal error en el que se asienta esta idea es identificar cantidad con fuerza. Aunque en una suma simple la cantidad final aumente, no necesariamente el grupo se ve reforzado políticamente. De hecho, se puede ver más bien debilitado, sobre todo si, como es el caso, los nuevos elementos causan fractura y división. Por ejemplo, siendo hipercríticos con las mujeres que ocupan posiciones de liderazgo en el movimiento, de un modo que no se es con los hombres (link video 1), e incluso dirigiendo hacia ellas ataques denigrantes (imagen 3). Esta suma de elementos machistas y racistas ahuyenta además a personas ética y políticamente comprometidas que rehusarán compartir la lucha antiespecista con agresores selectivos. O que no desearán ver su activismo asociado con individuos que muestran, en el mejor de los casos, clara indiferencia a otros sistemas de opresión y que, en el peor, los perpetúan activamente.

La estrategia del #todosuma, junto a una importante dosis de falta de memoria histórica de nuestro movimiento, nos puede llevar al disparate de aliarnos agradecidamente con las fuerzas represivas estatales (imagen 4 y 5 y link video 2) cuando hasta hace unos días teníamos a un compañero en FIES. O cuando hace muy pocos años nuestro movimiento sufrió un golpe represivo que tuvo a tres activistas compañeras un mes en preventiva y unas 20 más acusadas de ecoterrorismo. Puede hacer que se llame “compañero, amigo y hermano” y “chaval digno de admirar” (link video 3) a hombres machistas y racistas que aplauden acciones fascistas del Hogar Social de Madrid, (imagen 6). Puede hacer también que algunos dañen al movimiento promulgando un modelo de “mujer” que oprime a un gran número de sujetos que militan en nuestras filas (imagen 1, imagen 7). E incluso pudiera darse el caso de que nos encontremos a algún agresor como cabeza visible de colectivos antiespecistas o haciendo publicaciones racistas para “defender a los animales” (imagen 8).

No todo suma porque, por supuesto, no todo vale. No queremos machirulos en nuestras filas, gladiadores compasivos o nuevos hombres deconstruídos, que al final no son más que agresores selectivos o usurpadores de nuestros discursos, todos buscando mantener intactos sus privilegios. Romanófilos o no, neomachos, anarcomachos, veganmachos, ninguno es aliado. Queremos y luchamos por un movimiento antiespecista interseccional, que no pase por encima de otras opresiones y genere lazos de solidaridad con otros movimientos de liberación. Queremos un movimiento político basado en el respeto y la justicia social y una militancia coherente con estos principios. Así que mujeres, marikas, bolleras, putas y demás subjetividades degeneradas levantémonos contra la expansión de la Nueva Roma Compasiva y los privilegios varoniles. “Sabemos lo suficiente para comenzar esto. El resto nos lo tenemos que inventar”[1].

[1] Robin Morgan, primer sabbat de W.I.T.C.H., en W.I.T.C.H. Comunicados y Hechizos, 2007, La Felguera Editores, p.42.

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